Sorprendido, Van Gogh deshace el camino, corriendo.
Gauguin no volvió a la casa esa noche, se hospedó en el hotel del pueblo. Al despertarse a la mañana, vio reunida a una gran multitud. Allí pudo enterarse de que, inmediatamente despues de llegar a la casa, Van Gogh se había cortado la oreja al ras de la cabeza. Con mucho esfuerzo había logrado detener la hemorragia. La sangre manchaba los dos pequeños cuartos y el dormitorio en el piso superior.
Una vez detenida la hemorragia, cubierta la cabeza con una chapela, se dirigió directamente al prostíbulo donde entregó, para una de las mujeres, un sobre que contenía la oreja bien lavada.
Hecho esto, volvió a su casa y se encerró a dormir.
Es su hermano Théo quien acude, soluciona, provee. Vincent reclama dinero y puntualiza cada gasto.
Pasa largos ayunos, intoxicado de tabaco y alcohol, produciendo incansablemente.
Lleva años ser un verdadero pintor, dice.
Poseído por una fiebre productora sale a pintar durante la noche, con el sombrero empenachado de velas encendidas, produciendo espanto en la comunidad.
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autorretrato con oreja cortada |
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